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CRÓNICA DE LA CONCENTRACIÓN DE MIRANDA. Por Alex.
Bueno, tras pensarlo en varias ocasiones, creo que por fin me voy a decidir a escribir unas líneas, primero para compartir mis experiencias en la moto, que tras 14 años con ellas, pues hay varias anécdotas, y por otra para colaborar con Chusete, que la verdad se ha currao lo de la web. Crónicas la verdad es que, como la mayoria de vosotros, tengo muchas para escribir, pero vamos, voy a ir por partes por aquello de no aburrir al personal. Mis motos a lo largo de lo que llevo de vida (28 añetes de nada) han sido, un Vespino, una Special 250, una Virago 535, una ZZR 600 (curiosos recuerdos, je,je) y mi actual flagrante FZR 1000 Génesis EXUP. Lo de flagrante es por respeto a ella, la verdad, porque a día de hoy con sus 65000 Km anda ya un poco viejecilla. Del Vespino y la Special, pues que decir, que eran 2 hierros de p.. madre pero que me permitieron vivir experiencias increíbles, sobre todo a esas edades. Con la Virago el tema ya se puso serio, ya hice mis primeras rutas considerables. La primera fue a Miranda de Ebro, Burgos, un 4 de Marzo con un frío que, Dios, no se si algún día lo volveré a sufrir. Espero que no. El motivo del viaje fue una concentración, Campturis, que la verdad, se salió, con incluso unas pruebas de aceleración muy bien organizadas. Lo único malo fue el clima y, claro, el viaje. Hoy voy a relatar lo que viví en aquella experiencia y, quizás otro día, me decida con otros relatos como ese de “cosas que hay que mirar cuando compras una moto de segunda mano”. Los preparativos (u condones) La salida fue un viernes sobre las 14:00 horas. Previamente había pasado la revisión a la moto, limpiado bien todos los cromados y le había añadido una pantalla de 4 anclajes que Chus me había prestado (ups, pantalla que por cierto nunca le devolví, je,je). En fin, la moto estaba preparada. En cuanto a mi, pues aun no disponía de mono, ni de cordura ni de cuero, así que, como en aquella época me dedicaba a la escalada, le pedí a un amiguete el traje de North Face, con guantes de ventisca y polainas incluidos. “ Frío seguro que no paso, y así si llueve, como es Gore-Tex, pues estoy salvado”. Je, infeliz de mi. Por otra parte, llevaba un casco prestado, porque el mío era de esos convertibles que, aunque muy apañaos para ciudad, para carretera no valen mucho, porque entra aire por todos los lados. Así que llevaba un shoei algo viejo pero que, por lo menos, me cabía, que ya estaba bien. Al respecto he decir que le tamaño de mi tarro es, digamos...considerable (pero acorde con mi cuerpo, no sus penseis). El equipaje. Bueno, lo cierto es que, además de no disponer de traje en condiciones, tampoco tenía en mi haber ni bolsa sobre- depósito ni alforjas ni nada que se le parezca. Así que, apañao de mi, dispuse mi bolsa de deporte, el saco de dormir (tienda en principio ya tenía allí), el aislante y la bolsa con los “víveres” para el camino. Bueno, pues todo este mogollón lo empecé a envolver con bolsas de basura y precinto al respaldo de la moto, de tal manera que me quedó un apoyo para la espalda. “Joder”, pensé, “ni el Halcón callejero va tan preparao”. Lo cierto es que, si llovía, no se iba a mojar nada, eso seguro. Lo malo es que claro, allá donde parase a repostar y comer algo, no podía alejarme mucho de la moto, por aquello de los amigos de lo ajeno. Pero bueno, en aquella época yo era un tipo con recursos, así que no problemo, hablo con un amiguete que era soldado profesional y me pasó unas raciones de combate, pero bueno, esto lo cuento en el siguiente párrafo. El avituallamiento. Lo dicho, las raciones de combate. Estas eran cajas de carton que disponían de una chapa de aluminio plegable, una pastilla de quemar, pastillas depuradoras de agua, una lata de albondigas con guisantes, un sobre de consomé en polvo y de postre, una macedonia de frutas en almíbar. Joder, lo cierto que con este menú los enemigos del “glorioso ejérsito españó” es para estar asustaos, porque a tiros no se si los matarían, pero a bocaos fijo, por lo del hambre digo. El viaje Bueno, con todo ya dispuesto salí, como dije antes, entorno a las 14 horas, con un viento que ya en ciudad era serio, el cielo cubierto a manchas negras, con previsiones de lluvia y vientos racheados de intensidad moderada-fuerte y con mi madre acordándose del día que me parió. La primera parada me tocó hacerla pasando Venta del Aire, cerca ya de Teruel, no por repostar, ni siquiera por comer algo o echar un cigarro, sino porque empezaba a tener un dolor de cabeza de la OSTIA. El caso que el viaje empezaba bien. La moto no paraba de moverse de un lado a otro con tanto viento, el cielo conforme me acercaba al Norte se ponía más negro, la cabeza me iba a explotar y encima empezaba a no notar la punta de los dedos de las manos...¡¡ y sólo llevaba 100 Km escasos !!!. En fin, que por aquello de no dar la razón a mis padres sobre lo imprudente del viaje dada las fechas, decidí echarle un par y no darme la vuelta. Me volví a “incrustar el casco” y vuelta a la carretera. Llegué hasta El Milagro, en Teruel, un restaurante de carretera y ya paré a comer. Me bajé de la moto con la sensación de haberme fumao 20 porros, por el casco claro. De hecho era tal la compresión que no podía cerrar bien la boca y tenía la garganta reseca del aire frío que se colaba en el casco. Cabezudos moteros, seguro que sabéis a lo que me refiero. En fin, con el colocón que llevaba me dispuse a comer. Para ello, aparqué bajo un techado del parking y, junto a la pared del restaurante, me dispongo a montar la “cocinita”. La verdad que fué gracioso. Con el viento que hacía, casi gasté toda la pastilla para las albóndigas y ahí estaba yo, de rodillas agachado haciendo cueva con la mano para que calentaran las putas albóndigas, con mi mono de escalada amarillo y negro y con los autobuses de abuelos que paraban mirándome con cara extraña. Empezó a chispear cuando ya estaba hasta los cojones del quemador y del que lo inventó, así que recogí todo el tinglado de Rambo motero y me comí la lata al lado de la moto, de pié y con un lamparón rojo en la frente por el puto casco. “Peor ya no puede ser”, pensé. Mejor me ahorro el comentario. Con el estómago ya parcialmente lleno (pero muy parcialmente) decido continuar la ruta, que no quiero que se me haga de noche, pues aun me quedaban unos 400 Km. Me dieron ganas de quedarme en un hostal hasta el domingo, pero que cojones, ya que estaba liao... Total que continué para tierras norteñas. En el trayecto hay un trecho de unos 20 Km que atraviesa un valle inmenso y cuya carretera es, cuanto menos, estrecha. Lo peor es que está muy transitada por camiones, los cuales, me hacían luces y me saludaban. “¡ Qué majos estos tios” ! pensé. Lo cierto es que los mamones se estaban descojonando de mi, y la verdad que la estampa no era para menos. Cada vez que me cruzaba con camión la moto empezaba a dar unos tumbos que, junto con el aire que hacía, convirtió el conducir un chopper en un deporte de riesgo. Y claro, el chirimiri que no paraba. Por resumir, fué una puta locura el viaje que hice, pero creo yo que gracias al colocón que llevaba por llevar el casco “ceñido” pues no fui consciente hasta que llegué. Ya por terminar, porque lo cierto es que podría escribir páginas y páginas, ya de noche, a la altura de Calahorra me tocó parar a intentar calentarme de alguna manera. El Gore-Tex resultó ser un chapuza y además de calado por zonas tenía un frío que, en serio, soy incapaz de expresar por escrito. Es increible tiritar sin poder rechinar los dientes porque no te cierra la boca. Un infierno. Y aun tuve suerte porque, pese a estar el cielo durante todo el viaje más negro que el culo de Kunta-Kinte, no llegó a caer tormenta, sólo lluvia fina. Total, que paré en un bareto y con las manos en los cilindros al principio y encendiendo lo que me quedaba de pastilla después conseguí entrar en calor. Bueno, más o menos. Total, que tras 7 horas de viaje llegué a Miranda totalmente congelado. Lo que pasó una vez llegué, nada tuvo que ver con el viaje, porque pese a las calamidades que había pasado, el haber conseguido llegar “vivo”, me dio una sensación de satisfacción enorme. Bueno, espero que os haya gustado y sobre todo, si algún recién llegado a las motos lo lee y le puede servir de algo, pues me doy por satisfecho. El viaje lo repetí en años posteriores, pero ya con la Exup y con cordura y claro, nada que ver. Por cierto, eso de que las chopper son más cómodas, nada de nada. En fin, V´s a todos y nos vemos en la carretera. Alex. |
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